El trabajo invisible que mantiene vivas las ligas FES
21 de mayo de 2026 Activities, COMPROMISOS ASG, Fútbol 7
Rosa Gómez, la historia de una delegada de campo

Rosa fue, sin quererlo, protagonista de la jornada final de la Copa Caja Rural de Zamora. Y es que recibió un premio por ser, desde hace más de dos años, los ojos y las manos de la Fundación Eusebio Sacristán en las jornadas de fútbol para adultos de los fines de semana.
Rosa Gómez es la delegada de campo en la instalación del Unión Delicias, donde cada sábado y cada domingo se juega a un fútbol diferente, un fútbol que no es únicamente fútbol. La figura de Rosa parece humilde sobre el papel, pero es definitiva e imprescindible en el desarrollo de un proyecto en el que participan más de 800 jugadores. Ella controla horarios, prepara vestuarios, resuelve problemas surgidos sobre la marcha, mantiene el orden, procura agua para los equipos, es el enlace entre lo que pasa en el campo y quienes diseñan las competiciones. Y por todo ello, pero sobre todo por cómo lo hace -que la ha hecho merecedora de ser, para los jugadores, ‘la tía Rosa’-, el responsable de las Competiciones, Francisco Asenjo, quiso entregarla el pasado fin de semana un ramo de flores como agradecimiento.
“Fue una gran sorpresa que me emocionó muchísimo; es extraordinario que te reconozcan, y además es que el ambiente de la final fue maravilloso”, reconoce Rosa, la ‘tía Rosi’, como la bautizaron los jugadores de Pinosaltos. “Son tan jóvenes que podría ser la madre de casi todos; tengo una relación especial con ellos, en realidad con casi todos los jugadores de las ligas”, apunta. De hecho es la madre de uno de ellos de verdad, ya que uno de sus dos hijos milita en el Estrella Delicias en la Liga de Peñas, además de su marido cuando su trabajo se lo permite.
Con tres futboleros y futbolistas en casa, no la ha quedado más remedio que subirse al carro. “Me gusta el fútbol, sí, era unirme a ellos o nada; veo mucho fútbol profesional, he pasado mucho tiempo en los campos viendo a mis hijos y ahora mi colaboración con la Fundación es como una herramienta social que me permite conocer gente, no sólo a los jugadores, también a sus familias y amigos”.
Rosa, la ‘tía Rosi’ es ‘la jefa’. “Me respetan, saben que la que manda soy yo -ríe-. En un partido siempre hay tensiones, pero no he tenido nunca problemas; me respetan, me siento querida y ojalá en todos los deportes las cosas fuesen como en estas ligas”. De hecho reconoce que sólo saca genio y galones cuando se da de bruces con el desorden. “Me pongo seria con lo que dejan tirado, botellas de agua, restos de esparadrapos… a veces se les olvida que detrás de nosotros viene otra gente a jugar”.
Cuando todo termina y el campo queda vacío, Rosa recoge lentamente los últimos balones, cierra vestuarios y desaparece, hasta el siguiente fin de semana. Y allí quedan también los posibles roces de la competición, porque en estas ligas lo que pasa en el campo, se queda en el campo.